Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
El Magnificat es el canto de alegría de María durante su visita a su prima Isabel. En Lourdes, donde María apareció sonriente, esta oración resuena con especial fuerza.
Todo sobre el Magnificat
¿Cuándo rezar el Magnificat?
Durante la oración de la tarde (Vísperas), o después de la comunión, para dar gracias por las maravillas de Dios.
¿Qué interpretación dar a este cántico?
Es la oración revolucionaria de los humildes. María canta la inversión de los valores del mundo: Dios eleva a los pequeños y derriba a los orgullosos.
¿A quién se dirige esta oración?
A los «humildes de corazón», a los pobres de espíritu y a todos los que quieren alabar a Dios por su acción en sus vidas.